Nacedero

Nos acercaremos a un pueblo de Sakana viejo conocido, Irañeta, para conocer un monte que lo separa claramente de la sierra de Aralar. De altura modesta y apariencia suave por su cara sur pero con unos imponentes cortados en su cara norte. Nos aproximaremos por la autovía de Vitoria/Gasteiz con salida directa a Irañeta. Entraremos en el pueblo, que dejaremos atrás por su calle principal y buscaremos Errota Bidea, un carretil cementado sin pérdida que nos lleva hacia la base de la montaña pasando por la ermita de San Miguel, una granja y terminando a la altura de una casa rural (Araitztarren Etxea). Fin del cemento y cancela que nos cierra el paso al tráfico rodado. Reconoceremos que la pista es la correcta porque al salir del pueblo encontraremos un panel reciente del GR 20 Vuelta a Aralar y las correspondientes marcas rojas y blancas hasta el mismo inicio.
Aparcaremos en un rellano previo a la cancela y tomaremos la primera decisión: dejaremos la visita al nacedero de Irañeta, que requiere un pequeño desvío, para la vuelta.

Cruzaremos la regata Urruntzur por un viejo puente de piedra. Enseguida giraremos y ascendemos por un senderillo ganando altura, siempre paralelo al curso del agua, que depende su caudal, oiremos en todo momento. Poco a poco iremos girando siguiendo la forma de la montaña y dejando un poco más lejos la regata, aunque siempre seguiremos paralelos a ella, por el mismo barranco. Afrontaremos entonces las rampas más duras de la pista y nos encaminaremos hacia la base misma de la montaña que va mostrando unos paredones verticales impresionantes que bajan de la misma cima. Los superaremos y ganaremos el claro vallecito (en Sitna, barranco Armendiaga), cara norte, donde se desarrollará toda la ruta de hoy. Seguiremos este camino en cuesta apreciando varios atajos a mano derecha que parecen encaminarse a la misma base de la pared. No los atenderemos hasta que, a mitad del barranco y superados los paredones, tomaremos un desvío más ancho que se empina, se adentra junto a unos castaños muertos y pronto desemboca en una cuesta con una larga soga a modo de apoyo. Sin ella, y con tiempo húmedo, resulta difícil superar este trecho empinando y embarrado. La senda, por momentos cerrada, se dirige a un portillo natural entre las rocas y gana ya la cresta cimera, aunque no la apreciamos por la vegetación. Una vez en ella apreciamos el terreno cerrado por un denso bojedal que nos espera. A nuestra izquierda bajaremos por todo el cordal hasta el portillo de Berastegi. Y a la derecha lo seguimos serpenteando y siguiendo algún hito y unas cintas de plástico muy oportunas hasta el mismo buzón cimero. Gran atalaya de la Sakana.